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Reseña literaria: Gabrielle de Bergerac - Henry James

martes, 7 de junio de 2016

La joven Gabrielle de Bergerac ha tenido la fortuna de nacer en una familia ilustre de la nobleza rural francesa previa a la Revolución. Pero también la desgracia de no contar con bienes propios, circunstancia que hará que cualquier indició de curiosidad vital, de inquietud intelectual, quede ahogado ante la perspectiva de elegir entre dos opciones igualmente sombrías: o un matrimonio favorable o el claustro. Su carácter noble y su naturaleza indagadora quedarán al descubierto cuando en su cerrado círculo social aparece Coquelin, el preceptor de su sobrino, un hombre pobre pero capaz de demostrar que la audacia, el saber y la belleza son valores que nada tienen que ver con la clase social.



Título: Gabrielle de Bergerac
Autor: Henry James
Año de publicación original: 1869
Género: Novela clásica

Henry James es uno de esos autores del siglo XIX que siempre tenía pendiente. Un día vi esta novelita por ahí e inmediatamente llamó mi atención. El argumento no parecía lo más original, pero estaba en un parón lector y este tipo de novelas siempre suelen gustarme. Además, como ya he dicho, tenía pendiente leer a James.

La señorita de Bergerac vive con la familia de su hermano en una casa de campo de la Francia previa a la revolución. Es una muchacha afortunada y bien educada, cuyo destino es buscar un buen partido para casarse. Su única otra opción es tomar los hábitos, dado que no tiene ninguna posesión propia. De modo que durante toda la novela hay una cierta tensión alrededor de la protagonista, ya que todo el mundo espera que haga lo propio de una joven noble y casadera y busque un matrimonio que le aporte estabilidad y prestigio. 

Pero como ya hemos dicho, Gabrielle es una dama bien educada y, pese a que sabe lo que se espera de ella, es una mujer atrayente y con una fuerte personalidad propia. Un noble de los alrededores la pretende, de modo que todo su entorno da por sentado que ese terminará siendo su futuro. Pero es entonces cuando aparece Coquelin, un hombre pobre pero con una gran educación y una vasta cultura, que se convertirá en el preceptor de Chevalier, el pequeño sobrino de la señorita de Bergerac.

Chevalier, el niño del que es preceptor Coquelin, será el que narrador de la historia de su tía, una vez ya mayor. Es a través de su voz, y de la manera en que recuerda su visión de niño, como nos enteramos de la historia de amor que surgirá entre Gabrielle y Coquelin, sutil, basada en conversaciones profundas y reflexivas, y de momentos medio a escondidas. Ambos son personas que se complementan y se entienden, y surge entre ellos una relación que se va haciendo evidente a los ojos del lector.

Dicha relación está prohibida, de modo que la presión sobre Gabrielle va aumentando, ya que se espera que ella de un paso definitivo en cuanto a casarse o irse a un convento, cosa que ella no se decide a hacer debido a varios motivos, como la falta de afecto y respeto que tiene por el hombre que la pretende, así como por los sentimientos que tiene por Coquelin, que han ido creciendo poco a poco mientras le ayudaba a educar a Chevalier.

Toda esta historia, desarrollada en una Francia rural un poco bucólica, alejada de la pre-revolución urbana de finales del siglo XVIII, puede parecer muy predecible y llena de clichés, pero la narración es maravillosa, y todo se nos presenta de forma muy elegante y sutil, a través de los ojos de un niño. Vemos como la adorable señorita de Bergerac se rebela contra un destino impuesto, y la vemos en una encrucijada muy dura para una dama de la época que además tenía una ideas muy claras. Hay acción en todo momento, puesto que vemos como todos los personajes tienen sus propios objetivos y deseos, así como sus limitaciones. Vemos los defectos de cada uno, y es una pequeña novela llena de carácteres.

El final, pese a que las opciones eran limitadas, nunca estuvo claro para mí. No sabía para donde iba a decantarse la historia, pero me gustó mucho, aunque, en cierto modo, me dejó un sabor agridulce. Los personajes me enamoraron, sobre todo Gabrielle, Coquelin y Chevalier. Esta novela es una pequeña joya que me alegra muchísimo haber encontrado. Espero que vosotros tampoco os la perdáis. Ver una trama nupcial en la pluma de Henry James, que suele ser ajena a ella, resulta, cuanto menos, curioso, y el resultado es genial.

UNA OBRA DE ARTE PARA ESTE LIBRO


LA DAMA DE SHALOTT - JOHN WILLIAM WATERHOUSE

 
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